O modorrento crepúsculo, que ensombrava o roçado de
subsistência que a mãe, com a ajuda de Marcelino e Balduíno, tocava na parte
mais plana do terreno, a oeste da casa, o encontrou nas botinas lustradas,
pronto para vadiar. A esmagar as sarças, que se enredavam pela vereda, foi
aparelhar o cavalo. A caminho do cercado apequenado, escutou, além das próprias
pisadas, os grasnados agourentos dum caburé desgarrado, um crocito tão rouco
que arrepiou o cabelo. Ao se juntarem na cabeça a lembrança do maracá da
cascavel com o lutuoso piado, ocorreu-lhe a ideia de mau agouro. Com o credo na
boca, benzeu-se três vezes e forçou o sentido noutra coisa, mas o pensamento
parecia agir ao revés do desejo."O íntimo ofício: memórias", título do livro de Z.A. Feitosa que inspirou este espaço. É preciso ler para entender!
Pessoas Deveras Importantes
segunda-feira, 31 de março de 2014
O maracá e o arrasta-pé
O modorrento crepúsculo, que ensombrava o roçado de
subsistência que a mãe, com a ajuda de Marcelino e Balduíno, tocava na parte
mais plana do terreno, a oeste da casa, o encontrou nas botinas lustradas,
pronto para vadiar. A esmagar as sarças, que se enredavam pela vereda, foi
aparelhar o cavalo. A caminho do cercado apequenado, escutou, além das próprias
pisadas, os grasnados agourentos dum caburé desgarrado, um crocito tão rouco
que arrepiou o cabelo. Ao se juntarem na cabeça a lembrança do maracá da
cascavel com o lutuoso piado, ocorreu-lhe a ideia de mau agouro. Com o credo na
boca, benzeu-se três vezes e forçou o sentido noutra coisa, mas o pensamento
parecia agir ao revés do desejo.quarta-feira, 5 de dezembro de 2012
Da canga ao cangaço: dias de serra e sertão
Etelvino, que não recebeu em vida nenhuma insígnia honorífica,
digna de nota, por sua vontade de luta, nem virou nome de praça ou placa de rua,
se tornou um destemido soldado das forças armadas, depois de passar vários anos
a serviço da violência do cangaço que reinava no semiárido cearense, vivendo em
fuga e dormindo no mato para escapar das balas certeiras da polícia.domingo, 25 de outubro de 2009
Poesía Melindrosa y Llorona
Antonio Callado, en un pequeño ensayo a respecto del hombre brasileño, recurre a un paisaje de Don Casmurro para cuestionar una eventual incapacidad nacional para demostraciones trágicas. Pero la descripción de Machado de Assis - "Las lágrimas, si las tiene, son enjugadas atrás de la puerta, para que las caras aparezcan limpias y serenas; los discursos son antes de alegría que de melancolía, y todo se pasa como si Aquiles no matase a Hector" - es luego deshecha, a nivel real, por el propio Callado, que invoca sus experiencias de antigüo reportero para afirmar que, de hecho, el país "está lleno de gente que no llora atrás de ninguna puerta, pero a la luz del sol"; pare él, la visión del autor de El Alienista alcanza apenas un pequeño número de brasileños, una élite.
De algun modo, el llanto - fácil, raras veces trágico - es una manifestación de sentimiento común al brasileño. Las lágrimas deslizaban en centenas de rostros por una conquista en el futbol o un ídolo de esos concebidos en departamentos de marketing de emisoras de televisión. Por el sol, que trae la sequía; por el frío que devasta con las heladas. Por Dios y por el Diablo. Se llora, por todo, en un amplio sentido. Hasta mismo por ocurrencias distantes como la escena del Papa Juan Pablo Segundo bañado en sangre, después de los disparos de la Plaza de San Pedro. Las lágrimas nacionales ignoran geografía: la caída de un avión, el incendio de un gran edificio, una dolencia que diezma adultos y niños - ni que todo acontezca más allá de Paquistán. Es así, regla general; y en particular, no es diferente. En la poesía brasileña, por ejemplo, se instaló un movimiento en la primera mitad del siglo pasado con evidentes señales - digamos -lagrimales. El romanticismo, sin duda, fue marcado por el rompimiento con la escuela inmediatamente anterior - el clasicismo -, utilizando recursos de lenguaje menos rebuscados y más populares. La creación de un mundo irreal, a partir del individualismo y del subjetivismo de los poetas románticos, indicó, al mismo tiempo, una profunda insatisfacción - de resto, expresada bajo varios ángulos y temáticas. Mismo las características del romanticismo portugués, surgido poco antes, no son totalmente idénticas las del romanticismo brasileño. En fin, lo que interesa, sobretodo, es la postura de nuestros poetas románticos, notadamente aquellos de la llamada segunda generación, delante del amor. Manuel Bandeira observa una "cierta dulzura melindrosa y llorona, bien brasileña mejor dicho, y tan indiscretamente sensible en el lirismo amoroso de los románticos", en su obra Presentación de la Poesía Brasileña. En este caso, el amor es exhaltado y sobrepuesto a los demás sentimientos, en base de una idealización y un énfasis lírico atados a aspectos personales. De ahí, la excesiva preocupación con el "Yo", en una sucesión de los posesivos de primera persona. La mujer romántica, pura e inalcanzable, ni siquiera es encontrada en los brazos de nuestros poetas románticos, excepto Castro Alves. No hay, como notó Bandeira, un concepción realista de la relación entre los sexos. Alvares de Azevedo, el formidable autor de Lira de los Veinte Años, prefirió, entre otros escapismos, mirar a su amada durante el sueño, como en este trecho:
No te levantes tan temprano! en cuanto duermes
Yo puedo darte besos en secreto...
Pero cuando en tus ojos raya la vida,
no oso mirarte...yo tengo miedo!
El miedo, mejor dicho, fue común. Miedo, en la dimensión dada por Mario de Andrade, esto es - como realización sexual. En verdad sólamente Castro Alves, entre los románticos, traspasó la experiencia erótica imaginaria y alcanzó la plenitud sentimental y carnal. La mujer romántica en Castro Alves pierde, definitivamente su aurea inmaculada. Como en estos bellos versos:
Ah! fuera bello unidos en segredos,
Juntos, bien juntos...temblando de miedo,
De quien entra en el cielo,
Deshacer tus cabellos delirante,
Besar tu regazo!...Oh! vamos, mi amante,
Ábreme el seno tuyo.
Yo quiero tu mirada de aureos fulgores,
Ver desmayar en la fiebre de los amores,
Clavados...clavados en mí.
Yo quiero ver tu pecho entumecido
al soplo de la voluptuosidad jadear seguido...
...Ven! Seré tu poeta, tu amante...
Vamos a soñar en el lecho delirante
En el templo de la pasión.
Ese cuadro sirve, de todo modo, para facilitar algunas hipótesis a ser levantadas a propósito de este libro de poesías de Z. A. Feitosa, que representa su estreno en el género. Impresionan, sobre todo, las innumerables connotaciones de la obra con la poesóa producida a lo largo del periodo romántico brasileño, principalmente la llamada segunda generación.
Z. A. Feitosa, como ejemplo de los románticos, elige una musa intocable, angelical, que él llama de "mi ángel". Su mujer romántica posee "cuerpo adolescente y aire infantil", a punto de, en los devaneos lírios, ser imaginada flutuando en sus "guantes de luna". Es la amada distante, en lugar incierto tanto cuanto los reales sentimientos de ella con relación a él. Entre lamentos y alabanzas, el poeta construye un pedestal en que eleva a su musa, asumiendo, ahí, una postura igual a la de los trovadores mendievales en sus cantigas de amor. Eso, no entanto, está apenas implícito en la obra - por lo, inalcanzable, al contrario, por ejemplo, del poeta portugués de la tercera generación romántica, Juan de Dios, para quien la mujer amada era una "reina". Como en el poema "Encanto":
Pasabas como reina
Y yo, andaba como muerto,
Parece que me sostenía
En el aire en éxtasis, absorto
Es ella, decía yo,
Mi estrella del cielo!
La actitud de sujeción a los pies (dígase, distantes) de la amada, es otro trazo común y marcante en la poesía de Z. A. Feitosa. Juan de Dios "andaba como muerto", en cuanto el poeta de "Tango Del Escapulario" vive un "extraño amor que se hace de desencuentros "y proclama inapetencia para proseguir solito" - "yo no me quedo dentro de mí", él dice. Y revela: "Yo no me amo más".
En el libro, dividido en siete partea tituladas sugestivamente - Ouverture, Marcha en reversa, Danza por Profesión, Tango Del Escapulario, Vals Sensual, Nocturne y Finale, Z. A. Feitosa derrocha otro recurso de los románticos, o sea, la apropiación de la "naturaleza muerta" como fuente de la imaginación. De esa forma, la nuna, la estrella, el cielo, el azul son repeticiones frecuentes. Un recurso, sin duda, qu proporciona, otra vez, lo inalcanzable - imágenes, fijas a lo lejos o en el infinito. Como en "Ouverture":
Hay una estrella
perdida en un cielo de invierno;
yo estoy solito.
Así, también, aparecen los fenómenos naturales en movimiento, como el viento, el relámpago, las nubes y la tempestad - casi siempre en los breves momentos de éxtasis imaginario. Y sim embargo confiese, a cierta altura, un "amor prohibido y profano", Z. A. Feitosa hace emerger de su poesía más una característica romántica fundamental, la religiosidad o una actitud sentimental mística. En variso instantes, ese aspecto está nítido. En "Marcha en reversa" hay un ejemplo, con tonalidades eróticas:
Nuestros cuerpos entrelazados
Danzan un minueto sagrado, la sagrada danza del coito.
El poeta aún desnuda un profundo sentimiento de dominio, obsesivo y carnal, algunas veces. Habla en "amor vivo y violante" y deja saber de su satisfacción si pudiese "sentir tu cuerpo contorcionándose debajo del mío". Y revela que, sin esa sensación de posesión, que insinúa el dominio total de la compañera en el acto sexual, por eso claramente machista - queda más difícil gustar de ella.
Intentaré gustarte
Siempre de esta manera,
con la certeza de que no tengo posesión...
Con respecto del sexo, como realización carnal, vale señalar aún que raras veces, en todo el libro, él aparece como hecho consumado. Apesar del inconformismo, que rasga del primero al último verso de Z. A. Feitosa, la contemplación platónica es inapartable. Él imagina, ve y quiere, pero acaba siempre perdido dentro de su propio contorcionismo - admisible mismo como una forma de búsqueda -, asistiendo la amada "aprofundando por el elevador cansado". El erotismo contenido de Z. A. Feitosa, de cualquier forma, alza vuelos considerables, como en "Vals Sensual":
...arqueas lascivamente y gimes
al peso de mi cuerpo ansioso
que se extiende sobre el tuyo,
que se entraña en este tu ser en cuerpo...
El estilo de Z. A. Feitosa, por su vez, apela para la redundancia, lo que, en verdad, muchas veces no se constituye en un abuso de lo superfluo, mas en una necesidad del poeta em reforzar una expresión, ser convincente, como ya indicó Péricles Eugênio da Silva Ramos en estudio para los "Poemas de Claudio Manuel da Costa". El poeta de "Danza por Profesión" utiliza, y bien, las aliteraciones - "...ritual pagãomente paulatino". Hay, también, la fluencia, pero ni siempre, de cierta musicalidad y la repetición insistente de algunas palabras, como mano, que impone, a nivel temático, otras consideraciones. En "Tango Del Escapulario", poema en que él amenaza un rondó, está presente una solitaria actitud de osadía, cuando Z. A. Feitosa crea onomatopeyas:
Uñungue...trungue!
El engranaje traga la ceñida pieza
adecuado artefacto que pone a respirar
ruidosamente el quemane instrumento...
En uno de los trechos de "Marcha en reversa", el poeta demuestra que, en el fondo no se considera un romántico autenticamente:
Quiero hasta enternecerme,
parecer romántico
escribirte un poema de amor.
Entre tanto, al contrario de lo que él supone, y por lo que comprueban los 49 poemas de este libro, escencialmente del amor perdido, Z. A. Feitosa es un poeta romántico. Evidentemente, a los 100 años del fin de esa corriente literaria en Brasil como manifestación avanzada y moderna, mas, por eso mismo, sin demérito por causa de un dato únicamente cronológico. La cualidad de su obra literaria, o de arte, no depende de tiempo y escuelas. Vale por ella. Sería estimulante saber que Z. A. Feitosa proseguiría en esa línea, perfeccionando su trabajo, deshilando y por qué no?, hasta mismo desafinando su lira por una musa "de cuerpo tierno, con aroma de incienso y aliento de menta". Como , por último, ya hacían los trovadores medievales.
MARCOS BARRERO
Assis, agosto de 1981
1981/2009 © Z.A. Feitosa, todos os direitos reservados
segunda-feira, 21 de setembro de 2009
Danza por Profesión - I

(in Asas Queimadas: suíte, Ed. Autor, São Paulo, 1981 - Traduzido para o castelhano por R.C. Valenzuela)
Yo te encuentro,
tú me miras;
Tú me encuentras,
yo te sonrío;
Yo te encuentro,
tú me abrazas;
Tú me encuentras
yo te beso...
Nunca nos dijimos,
no hablamos de lo que sentimos,
no pronunciamos la palabra amor;
Nosotros nunca decimos nada,
las palabras no dicen nada
por nosotros mismos:
el silencio dice las verdades
que precisamos oír
uno del otro.
1981/2009 © Z.A. Feitosa, todos os direitos reservados
terça-feira, 8 de setembro de 2009
Ouverture - I

Aún estoy contigo, mi ausente amor.
Soy la nostalgia
que se quiebra como un mar
salado y espumoso...
Me abandoné en tu corazón
perdido farol.
Me callé en tu boca.
Tengo en los labios el sabor
de tu boca.
Tengo el pecho callado.
El corazón está mudo.
Mis ojos están tristes.
Me perdí en ti,
no consigo hallar mi corazón en nadie
que yo quiera amar otra vez.
Sólo supe amarte,
no sabré amar otra vez,
no sabré soñar otra vez,
mis ojos se secaron,
las lágrimas ya no bañan mi pecho.
Estoy solo.
La estrella del alba me saluda,
es madrugada pero no consigo adormecer,
yo te di mis ojos para que me veas,
te di mi corazón para que me amases,
yo no me pertenezco más...
1981/2010 © Z.A. Feitosa, todos os direitos reservados
terça-feira, 1 de setembro de 2009
Button fliper

(in Algolagnia: histórias reias e imaginárias, Econ. Editorial,
São Paulo, 1984- Traduzido para o Castelhano
por R.C. Valenzuela)
Pequeños estallidos se quiebran en mis oídos.
Ángeles mundanos en serenata cósmica, en los horarios de descanso, invaden los espacios. Rodean las máquinas. Aprietan delicada y violentamente los botones. Jalan y sueltan lenta y rápidamente las palancas. "Quiero jugar" - la voz nasalizada de la máquina.
Las máquinas me envuelven con sus tramas mecánicas. Me gusta su lenguaje impersonal. Repetitiva. Siempre la misma. Igual. "Gracias, vamos a comenzar" - enguliendo la pieza con canales.
Me miraba con interés. Se interesaba por mí. Me observaba con atención. Con ternura. Extraña manera de mirar para un desconocido. Los jeans le realzaban el cuerpo. Rió de mi intimidad con la máquina. "Jugador número 2, es su turno. !Buena suerte!" - brillando intermitentemente.
Me miró, los ojos marrones de cariño. Cerró y abrió el ojo izquierdo rápidamente, osada piscadera. La máquina hizo trampa. Me tomó la quinta bola. "Vamos al sorteo" - indicando en el mostrador digital un número diferente de aquel que piscaba en el lado derecho del tablero. "!Qué mala suerte, nadie ganó. Intente otra vez!"
La mano tocando en mi hombro, levemente. Lo miré de soslayo. Abrió la mano derecha, ofreciéndome una ficha. Lo encaré, sin entender el gesto. Acepté la oferta sin palabras. Coloqué la ficha y apreté el botón en el centro de la puerta para iniciar la partida. Bola 1 en juego. La máquina se rinde a mi ira. "Tronera lista" - encendiendo y apagando continuamente muchas lámparas.
Siento el calor agridulce de su haliento. Jala y suelta la palanca, Bola 2 en juego. Aprieto los botones sincrónicamente. Se queja del tiempo, humanizando con su voz ronca los sonidos que se parten en mi oído. Deja su mudismo con banalidades como hacen todas las personas. Permanecí callado. "?Por qué estás tan nervioso? - tomando los rebateadores.
Sonreí, los dientes blancos a muestra. Retribuí la sonrisa. Bola 3 en juego. Ruidos metálicos y continuos. Lucho contra la máquina. Ella se alboroza. Me empeño. Lanzo mal. La bola escapa por las laterales. Golpeo con violencia en el botón. "No me sacuda. Tilt" - encendiendo una luz de peligro.
Escucho su risa a mi espalda। Bola 4 en juego. Viré la cabeza, despacio. Su rostro parecía iluminado como una máquina de diversión electrónica. La sonrisa le encendía en el rostro los mejores trazos. Debo haber parecido más sisudo de lo que acostumbro ser. Dió la impresión de que se desconcertara con mi facción. Sonreí. Dejo la bola escapar en el primer lance. "Fire action" - enguliendo y escupiendo la bola.
1984/2009 © Z.A. Feitosa, todos os direitos reservados
Manifesto da rede "O íntimo Ofício"
quarta-feira, 12 de agosto de 2009
Cântico Primeiro

(in Borboleta em Cinza: salmos profanos, Ed. Scortecci,
São Paulo, 2008 - Traduzido para o castelhano
por R.C. Valenzuela)
1 De mi boca solicitaste una
alabanza
para reducir a silencio tu queja;
en la oscuridad en que se
sumerge el entardecer.
2 Hiciste salir de mi boca una
alabanza;
y extendí tu dominio hasta mi alma;
en la oscuridad en que se
sumerge el entardecer.
3 Sustentásteme con tus besos, ángel seductor!
y el dulce ardor de tus labios me consoló;
en la oscuridad en que se sumerge el entardecer.
4 Besásteme los labios, incendiaste mi pasión;
y pusiste en mi corazón un inmenso amor;
en la oscuridad en que se sumerge el entardecer.
5 Tocásteme, ángel, con el calor de tu boca,
y conociste el misterio de mi corazón;
en la oscuridad en que se sumerge el entardecer.
6 Amparaste en tu regazo mi cabeza,
y adormecido me sepulté en tus brazos;
en la oscuridad en que se sumerge el entardecer.
7 Y que no se harten tus labios de mi boca
ni tu sedienta alma se enfade de mí, ángel custodio,
ni de ti se aborrezca mi sequeroso cuerpo.